domingo, 21 de junio de 2009

Cuando no dormir vale la pena...

...y cuando la sintonía entre el "nosotros"
trasciende la barrera del "solo yo".

Y porque somos tercos en nuestras finitudes, ésta historia continúa, señores. Tozudos vigilantes de las cosas invisibles que sostienen esta tierna locura compartida en la que somos paridos y partidos por esta bruta realidad, apasionados. Y en el arte de crearnos, en un escenario inexistente, desde un gesto perpetuado en la energía de querernos más allá de los obstáculos. Cuando creemos en el otro y despertamos estas ganas (a nuestras ganas y antojos) de ir contra corriente y malditas estructuras de osados ingredientes. Bendito sea nuestro sano intento por barrer anomalías propias de la fuerza que nos impide, caprichosa, estar cerca…

Y te regalo palabras, más que a vos, a esta relación fortalecida, a este sentimiento intenso adentro, amurallado casi de amor y de amistad. La respuesta de una charla desvelada se dirige inmaculada, y se sumerge en la magnífica locura despiadada que emana nuestro insómnico encuentro total de resurgir. Y así vamos juntos contra la fuerza privadora que no deja abrazar a las personas que se quieren, en algún lugar de sus adentros. Contra el poder que a todos nos impide estar cerca cada día, ése mismo, el de los "te quieros" guardados. Contra las cadenas transparentes de nuestras libertades y contra las mañanas egoístas sin encuentros planeados. Contra las tardes mentirosas que nos dejan sin reacciones y contra las noches a oscuras de fuerzas robadas. Contra nuestras jaulas escondidas que no dejan llorar lágrimas que lubriquen el alma. Contra la cobardía y la imprudencia de creer en soledad y no creer de verdad. Contra todo tiempo de vacío que nos priva de un “nosotros” y nos deja agonizantes empapados de aislamiento.

Contra el diablo y sus verdades, allá ellas verdaderas, y contra el silencio inútil y sus pésimos sobornos, según ellos, contagiosos. Contra la fatiga maliciosa que nos deja adormecidos ante las noches del otro. Contra la injusticia tuya y mía, y su apetito de adueñarse, infeliz de los momentos, las caricias y los gestos. Contra la soberbia, la pereza, el prejuicio y la vergüenza. Contra la sordera retraída, las estupideces viciadas, los egoísmos imprudentes, las estructuras represoras y las pérdidas de tiempo. Contra toda distancia y frialdad, todo mal, toda angustia y toda pena que no nos deje en sus agites, mirarnos de cerca, querernos por fuera y abrazar las ocasiones y las cómplices miradas.


En fin, contra esto y aquello, entenderás,
la aventura sigue siendo amar la vida,
contra nuestra falta reincidente, que será...
ya lo sé, contradictoria…

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